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Liderazgo y gerencia

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15/04/2018
Estos dos atributos (opuestos) harán de ti un gran líder
Fuente:   Las notas del aprendiz

F. Scott Fitzgerald, autor de una de las mejores novelas del siglo XX, El Gran Gatsby, afirmó: «La prueba de una inteligencia de primer nivel es ser capaz de mantener dos ideas opuestas al mismo tiempo, y aún así, conservar la capacidad de funcionar». Esta atinada frase refleja muy bien algo que viene siendo confirmado una y otra vez en el campo del liderazgo.

Los mejores líderes son aquellos que tienen dos cualidades que en apariencia son contradictorias: humildad y narcisismo. "No es muy sabio estar demasiado seguro de la propia sabiduría. Es saludable recordar que los más fuertes pueden debilitarse y los más sabios pueden equivocarse" —Mahatma Gandhi

Según varias investigaciones, los líderes que son al mismo tiempo, ególatras y humildes, son los que producen mejores resultados. Una investigación realizada por la Asociación Psicológica Americana encontró que los equipos dirigidos por líderes narcisistas son los que peores resultados obtienen.

Sus empleados pasan más tiempo navegando en internet y se toman descansos más largos. Por el otro lado, los equipos encabezados por líderes humildes eran un poco mejores.

No obstante, los mejores equipos, con diferencia, eran los comandados por líderes que eran a su vez egocéntricos y humildes. Esta aparente contradicción no es tal. Resulta que los mejores líderes se consideran especiales, talentosos.

Saben que tienen cualidades de sobra para alcanzar grandes objetivos. Sin embargo, también son conscientes de que fallan y que tienen defectos. Por ello, se rodean de personas con atributos complementarios y también trabajan muy fuerte por limar sus deficiencias. Los mejores líderes, por ejemplo, no se enceguecen ante una buena idea.

Reconocen los méritos y las posibilidades de una iniciativa, pero mantienen los ojos bien abiertos para identificar las deficiencias y los riesgos.

Los líderes que son solo ególatras, por otro lado, se enamoran de sus ideas y niegan que puedan tener grietas. Se empeñan solo en mostrar sus consecuencias positivas. Eso les hace pasar por alto riesgos y los potenciales resultados catastróficos.

Ahora bien, ser un humilde narcisista no es solo cuestión de líderes. Todos, aunque no tengamos personal a cargo, debemos cultivar esta misma actitud. Esto no lo digo por decirlo ni por quedar bien, yo sé con absoluta certeza que todos tenemos cosas maravillosas dentro.

Todos somos capaces de lograr triunfos extraordinarios. Es probable que en este momento pienses que no tienes dones especiales, por más que buscas no logras identificar un gran talento dentro de ti.

Hace unos años yo también me sentía así. Pero por fortuna entendí que, aunque en un momento dado no parezca que tengamos algún talento superior, todos tenemos el talento más importante de todos: el talento de aprender.

Cualquiera que desarrolle un profundo interés por algo y lo practique con devoción, tiene muchas probabilidades de convertirse en un gran maestro de esa área.

Así que mediante el esfuerzo, la persistencia y mucha valentía, casi cualquier cosa es posible. Pero la abundante riqueza que yace dentro de nosotros no nos debe impedir ver nuestras deficiencias, que, en términos generales, son muchas.

Para vivir una gran vida, una vida extraordinaria, es necesaria cierta arrogancia, debemos, con altivez, reclamar nuestro derecho a ser extraordinarios y a vivir de manera que refleje lo que somos y en lo que creemos.

La excelencia no se logra con un corazón apocado. Se consigue con un corazón rebelde que se niegue a ser solo uno más. Pero también debemos ser pacientes y humildes para entender que las cosas maravillosas tardan tiempo en llegar.

Que en el viaje vamos a cometer muchos errores y que sin el apoyo de otros será casi imposible conseguirlo. Humildad y narcisismo, dos ideas opuestas que te llevarán a un solo destino: la vida de tus sueños.

Fuente: Las Notas del Aprendiz

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